Como si no hubiera sido poco con la anterior aparición del supuesto “altísimo” cubano, ha vuelto a la carga con una ráfaga igual de temática y de citas, aunque con pequeñas variaciones.
Estas nuevas apariciones, pertenecientes todas a la serie “el próximo fin del mundo”, escritas y dirigidas por el mismísimo fidel, nos dan una idea no sólo de la población actual de ideas que habitan el cerebro del otrora dirigente, sino de las ansias secretas y los traumas ocultos que nunca llegaron a satisfacer el ego de este personaje.
Basta escuchar a este viejito hablador (vana imitación del orador abusivo que podía mantener a sus oyentes durante horas con la oreja pegada al radio) para darse cuenta de los sueños inalcanzados por este habitante de la isla grande del Caribe.
En todas estas ultimas “reflexiones” lo que queda de este político no hace alusiones a Cuba, excepto si no es para dárselas de profeta improvisado y de aprendiz de brujo, y se dedica por entero al extranjero, como digno ejemplo de su obsesiva enfermedad por pasar a la historia. Lo hace para advertirles a los cubanos de los peligros por venir en un futuro tan cercano que ya una parte de él está en el pasado, y para que el mundo vea que clase de político se va a perder el planeta.
Su intento de lenguaje apocalíptico fracasa al dar una fecha para el inicio de una tercera guerra mundial justo antes de terminar el mundial de fútbol. Y aunque después hace todo un alarde de casi lucidez para justificar su vano ejercicio de adivino, echándole la culpa a no se qué oscuro personaje miembro de su propia monarquía (quien le habría dejado sin conocer un par de párrafos donde se decía que el ultimátum a Irán era para el 8 de agosto). Ahora “estira” la fecha del inicio de su tan esperada guerra para agosto, seguramente luego de haber roto su esfera de cristal en algún arrebato de furia.
Lo que vemos en esta obsesión de castro con la guerra final es su anhelado y supersoñado papel de guía del mundo, un personaje que intentó crear y disfrutar ya en los días de la crisis de octubre, pero que tanto el presidente norteamericano como el soviético, le impidieron representar hasta el final. El ridículo que hizo en esa ocasión parece que no fue suficiente, y todavía lucha por lograr, antes de su diagnosticada muerte por simple ley natural, un puesto dentro de los reyes-magos de este mundo.
Por suerte para todo el planeta, este siniestro personaje no nació en USA, Rusia o en Alemania. Tampoco en Japón, Italia o Sudáfrica. Si así hubiera sido, no estaríamos ahora como estamos.
Fue una pequeña isla, en un continente descubierto no hace mucho, la que asumió ese importante papel. Las cuatro letras de su nombre, Cuba, reflejarán para siempre el sacrificio de un pueblo entero que, conscientemente o no, impidió que este personaje tuviera más poder del que en su vida tuvo. El hecho de no tener fronteras terrestres, favoreció la tranquilidad de su monárquico gobierno de 50 años, pero evitó males mayores para el mundo. Cuba asumió, por sí sola, la posición de guardián protector del planeta, sacrificándose para evitar que este pelele se transformara en un ogro temible de verdad.
Si este fidelito hubiese surgido en un país con grandes posibilidades, hubiera dejado a Hitler a la altura de sus chancletas de palo. Si este hombrecillo fanático del uniforme verde militar fue capaz de poner miles de hombres en África, desestabilizar América Latina y fomentar movimientos como los no alineados, y muchos otros más, ¿qué no hubiese hecho desde Alemania?
Este gigante de la manipulación mental intenta, ahora en su vejez "chochística", brindarnos sus ideas sobre una deseada guerra exterminadora que nos amenaza en próximos días. Pero la verdad que nadie puede ocultar es que la tercera guerra mundial estuvo a punto de iniciarse ese día que él mismo ordenó a sus inferiores que lanzaran cohetes nucleares rusos sobre EEUU. No le importaba entonces que eliminaran a Cuba del mapa, junto con “su querido pueblo”. Probablemente tampoco le importaba que lo eliminaran a él mismo. Lo único que le interesaba era que su nombre, fidel castro ruz, pasara a los libros de historia con letras doradas, como el hombre que se enfrentó al imperio más grande de la historia.
Lo mejor de esta historia es que este viejito reparado por los médicos se va a morir sin ver sus soñadas estatuas, sin su final del mundo vaticinado (y orquestado) por su maquiavélico y enfermizo cerebro, y observando como mudo testigo la forma en que su cuasisocialista y fraudulenta revolución, verde como las palmas (y como el dólar sin el cual no puede sobrevivir) se extingue en sus propias manos, en medio de vanos cantos de viejas y obsoletas sirenas.
El Lagarto


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