Por una de esas casualidades de la vida fui anoche a una comida a la que también me habían invitado. Comentario aparte, aunque parece una coincidencia en mis escritos, pero caramba, los dos tienen que ver con una comida. ¿Será que soy fanático de la gula?
Pensando en serio, creo que no, aunque a cualquiera le gusta un arroz congrís con lechón asao, unos buenos platanitos fritos y yuca con mojo…
Bueno dejemos este comentario atrás. La cosa es que yo no era el único invitado, éramos varios de ambos sexos. Personas todas muy amables, conversadoras y agradables.
Por supuesto, contando con la compañía de damas no podíamos dejar de lado el tema central de casi toda conversación femenina. Las telenovelas. Corriendo el riesgo de repetirme, tengo que decirlo. Pareciera no haber muchos temas de conversación en este mundo actualmente, aunque la crisis económica global nos apachurre, se haya suspendido el viaje a la Luna de los americanos, el golfo de México se llena y rellena de petróleo y los políticos que nos gobiernan están más corruptos que el cartón corrugado. A pesar de tantas cosas de las que se puede hablar en este mundo, no logro escapar a las telenovelas. Este tema tiene algo pegajoso, como la goma loca, y a mí (y seguro a unos cuantos) me está empezando a dar urticaria, alergia y hasta granos debajo del brazo.
Pero por si no fuera poco, el otro tema (porque casi se puede decir que solo hubo DOS temas) fue una casi conferencia que nos dio uno de los invitados, sobre su increíble y enorme capacidad para sorprendernos.
Primero, fue su anuncio que dada la especial ocasión que estábamos disfrutando, haría gala de una de sus capacidades y conocimientos expresamente para nosotros. Pidió una cadena de otro de los invitados, llenó una copa de agua de la llave, y nos demostró como la cadena, haciendo de péndulo en su mano, a la vez que la sostenía sobre la copa llena, no se movía. La explicación que nos dio fue que esa agua no estaba “cargada” de energía. Acto seguido, mostró como con su otra mano y la de otros invitados el péndulo tampoco se movía. O sea, no estaban cargados. Pero luego se dirigió a la anfitriona, y vimos como el péndulo sí se movía formando un círculo sobre la mano de ella. Después le pidió que acariciara la copa con el agua, y nos dijo que ahora esa agua se cargaría con su energía. Y efectivamente, el péndulo hecho con la cadena se movió en círculos también.
Para aprovechar el efecto creado por esta demostración, nos dio a continuación toda una disertación sobre la capacidad que tenía para llegar mediante hipnosis hasta la época en que las personas eran fetos en el vientre de su madre, y desde esa mente fetal, saltar a la mente de los médicos que estaban en el salón en el momento del parto y preguntarles quiénes estaban allí, y hasta el nombre real de la madre del feto si es que esta lo había abandonado o dado en adopción.
Lo mejor vino después, porque tal vez pensando que estábamos bien sugestionados por su charla y su anterior demostración de “dominio pendulístico”, nos dijo un secreto, su secreto, y es que según sus propias palabras, a él le habían enseñado todos esos conocimientos (y muchos más) los extraterrestres personalmente.
Siendo sincero, no puedo decir que hubiera una risa o falta de seriedad en el salón mientras él estuvo presente.
El asunto comenzó cuando se marchó. Las risotadas, los comentarios, las cosas que nadie dijo antes, se dijeron después. Desde el hecho que todos habíamos notado claramente cómo movía el péndulo con su mano, hasta el deseo de protagonismo que tiene. Desde su palabrería barata y babosa para con la persona que amablemente nos invitó, hasta el hecho que una de las asistentes tuvo que lavarse la mano después (no lo hizo antes por su tremenda educación) porque le había llenado el brazo de saliva al hablar. Se dijo también algo que todos vimos, como se soplaba la nariz en medio de la comida (no dudo que salieran granos de arroz por allí) de forma asquerosa, y luego ponía la servilleta usada debajo de su plato, para usarla después. O como manipulaba la comida con sus manos, chorreándose los brazos de cualquier cosa.
Por supuesto, el consenso general fue de la cantidad de porquería que el sujeto había hablado.
Curiosos sujetos, que se hacen creer magos de este tiempo, alquimistas de no se qué inventada disciplina, y piensan que los demás no tenemos suficiente inteligencia para reconocer su método y su farsa.
Curiosa noche esta, donde observé a un hablador de cosas, buscador de protagonismos, supuesto genio de la mente, no muy limpio comensal y no creíble energizador de objetos. La noche terminó bien, gracias a que esa persona, después de saciar su hambre, y bajo una excusa cualquiera, se marchó.
El lagarto
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