lunes, 12 de julio de 2010

Un fantasma que se apareció al otro día del final del fútbol…

Caramba, ya muchos decían que estaba muerto. Pero se equivocaron. Ahí está. Vivo y coleando, aunque para ser más exactos vivos pero de coleando nada, que si colea se derrumba.

Sé que algunos mañana en el trabajo me dirán que es un doble, que si es una marioneta o que si está drogado. Lo que no se imaginan ellos es que yo sí sé lo que pasó allí.


Las células madre son un maravilloso y ultramoderno invento que se dice va a revolucionar el mundo. Bueno, aunque se suponen un avance para dentro de algunos años, aquellos con buena posición pueden darse sus lujos, como siempre. Así que este viejito estoy seguro que le inyectaron no unas pocas células, sino todo un charco de ellas, en justo el medio del cerebro, allí donde algunos suponen que está el alma de la persona, y lo han reactivado.

¡Han logrado, después de algunos años de incertidumbres, comentarios y apuestas, que ese señor alto vuelva a la vida, de allá, de la ultratumba donde muchos lo habían puesto, y después de haberse muerto extraoficialmente unos cuantos centenares de veces!

Pues sí, el señor alto (aunque ahora da lo mismo porque no lo vemos de pie) dicen que se paseó por el CIMEQ, saludó a todos los trabajadores y hasta se le tiraron fotos con unos celulares especiales, porque las fotos que sacaron en la TV (unas tres solamente) lucían como de cámaras profesionales, y después seguramente tuvo la energía para ir caminando hasta la propia sede de la “Mesa Retonda”.

Allí lo presentaría, una vez más, ese mismo muñequito de auto, de esos que mueven la cabeza al ritmo de los frenazos y acelerones. Ese tal Randy, un nombre que de seguro quedará prohibido por decreto para las próximas 50 generaciones de cubanos. Ese inolvidable movedor de cabeza, que lo mira con una sonrisa de niño ante su chambelona que aún no ha podido probar. Ese enano mental que debe estar constituido por goma elástica (porque solo sabe dar esa misma asquerosa sonrisa de payaso) y que no sabe si desmayarse como dama o arrastrarse como gusanejo delante del magnífico.

Presentado por la indefectible cara de plástico llamada Randy, el charco de células madre comienza a repetir sus últimas “reflacciones” a palabras entrecortadas a veces. Hay que reconocer que los doctores hicieron un excelente trabajo. ¿Cuántos de aquellos pertenecientes a la creciente tercera edad cubana podrán recibir un tratamiento similar?



Tratando de abrir sus ojos que a veces se le cierran solos, y moviendo las orejas al ritmo de cada una de sus palabras (como hacía en sus buenos tiempos) el señor de los viejos anillos de tabacos se esmera en presentar su tesis de que el mundo se encamina a la tercera guerra mundial, gracias al poder imparable de “el Irán”. Según su última “refracción”, el mundo se habría acabado justo antes del último partido del mundial de fútbol. Pero el mundial se acabó ayer, y hoy está (por primera vez en mucho tiempo) su pálida presencia en la “Mesa Rotonda” para tratar de justificar el hecho de que no se haya acabado el mundo, y que se debe a un error de un asistente del Ministerio de Exteriores, que se quedó dormido y no le imprimió dos párrafos de un documento de las naciones unidas.

No preguntemos a dónde habrá ido a parar ese pobre asistente, no debe haber sido cerca… Aunque dudamos que le hayan dado una visa para viajes al exterior...

Bueno, para terminar, como todo buen artista, se presentó cuando ya el mundial terminó, porque esos tiempos en que el gran hermano hablaba y no se podía transmitir otra cosa hasta que le diera la gana de terminar uno de sus olímpicos discursos, se acabaron desde que se cayó de sus propios pies, como preludio a esta otra caída, más grande e inevitable.

Tenía que ser así. No podía competir con el mundial, pero no pudo tampoco evitar tratar de lucir (tal y como el equipo de España lo hizo al obtener el campeonato) como un victorioso profeta que sólo le ha agregado unos pocos días más de vida al mundo. La sonrisa final casi de oreja a oreja intentaba llenar la pantalla, hinchándose ante las adulaciones del tal Randy. Eso sí, lamentablemente no tenía copa de oro alguna frente a sí para levantar. Solo la cara de goma en un permanente y orgásmico “sí” de un lacayo incapaz hasta de hacerse una necesaria, aunque de seguro imposible, cirugía plástica.

El Lagarto

No hay comentarios:

Publicar un comentario