miércoles, 3 de noviembre de 2010

Dejarlo todo

Por El Lagarto.

Cuando la vida de un ser humano transcurre para siempre en su patria, suele ser abarrotada de problemas personales, de vecindarios y de todo un país.

Para los cubanos, las experiencias de vivir en Cuba toda una vida, depende de en qué momento nació el que le cuenta.

Cuando la persona nació antes de 1959, puede hacerle una historia completamente diferente a la de una que naciera, por ejemplo, en 1969. Para este último caso, lo más lamentable de la vida de uno de estos personajes de la isla es que sus padres, después de toda una vida de aparente tranquilidad, decidieron emigrar, aparentemente en busca de mejores condiciones.

La emigración es un problema para todos aquellos que la protagonizan. Cuando uno emigra, es todo bien diferente a lo que tuvo en su tierra natal.

Cero amigos, cero confianza, cero conocimiento hasta de las calles. Cero idea de las leyes, de la cultura y de la forma de expresarse libremente.

Es tan diferente, que para aquellos que tratamos de entenderlo, se nos vuelve una madeja de ideas y sensaciones.

Para alguien que nunca pudo salir de la isla, y que cuando lo logró, fue para abandonarla para siempre, la primera sorpresa fue constatar que el mundo es coloreado, lleno de brillo y de todo tipo de cosas diferentes. Comparar desde el aire la primera ciudad que conocería fue un desastre para su mente no entrenada. Veía una ciudad multicolor, cuidada, contra una descuidada y gris Habana, enferma de suciedad y baches. Sí, fue traumático descubrir eso, pero aún más traumático fue el hecho de que sólo me daba cuenta de ello al abandonarla, porque antes fue mi mundo. Era perfecta hasta que pude ver mi error. Pero había que salir para notarlo. El único problema es que no podría regresar para contarlo. Pobre de mí. Pobres de los que no tienen esa oportunidad.

Cuando se mira así, salir de Cuba es como traspasar el umbral de la muerte. No hay regreso. Eres un muerto para el sistema, tan solo un caso interesante para sacarte dinero en el velorio, y para estafarte con un sarcófago de cartón tabla. Y es que ni siquiera tú formas parte de ninguna estadística. Simplemente dejas de existir. Es una forma más profunda de muerte.

Un experimento casi traumático es cuando se cuenta la experiencia propia a los coterráneos que no han podido seguirnos los pasos. Muchos de los emigrantes toman la opción de lucir como afortunados, viajan a la isla con relojes de oro, muchas joyas, gastan dinero a manos llenas y mucho más de este tipo de cosas. Por supuesto, es una forma de mentir, y brinda a los demás una imagen equivocada de su vida real. Son bien recibidos y muy esperados, a ver que les llevan de regalo.

Algunos pocos hacemos el experimento de tratar de contar la realidad, lo que se siente y se vive, la nostalgia, la falta de todo aquello que siempre se tuvo (amigos, una vida diferente) los problemas de adaptación a un sistema que nunca se conoció, la superación de un trauma que surge de un cambio de idioma, de tierra y de cultura, y muchas otras cosas más. Cuando se hace esto, tus propios amigos y conocidos se niegan a escucharte. Otros te miran con cara de extraño y te dicen: “tú elegiste”, como si elegir la posibilidad de emigrar fuera una opción que se decidiera sentado en una silla, con todo el tiempo para pensarlo, y para colmo, con la posibilidad de regresar a vivir a tu patria cuando te venga en ganas.

No señor, la opción del cubano es binaria, es un sí o un no, que deciden, en un segundo, dejar atrás tus raíces, romper con tu vida y experiencias anteriores, dejar a tus amigos, parejas y todo tipo de amores entrañables, esfuerzos y sacrificios, para empezar de cero.

No hay opción para el cubano de este tiempo, porque así lo quieren los de ambos lados.

No hay más opción para el cubano de este tiempo que abandonar una isla querida, pero sin futuro, sin esperanzas y diluida con ron de mala muerte, y a veces con un venenoso alcohol de madera.

Pero sobre todo, y pienso es nuestra responsabilidad de cubanos patriotas decirlo, ESTA SITUACIÓN ES RESPONSABILIDAD DE UNA SOCIEDAD CUBANA ENFOCADA EN EL ODIO, EL OPORTUNISMO, LA CHIVATERÍA Y TODO TIPO DE CONDUCTAS DE DOBLE MORAL.

Nuestra generación (aquella de los que pensaban en el futuro con buenas ganas, y que eran felices con poco) se está diluyendo en la historia de un planeta agitado, pero no porque tiemble la economía o haya guerras o noticias muy importantes en otras zonas del mundo. Nuestra generación de cubanos se diluye en boberías, en un esfuerzo vano en llamar la atención hacia una isla que siempre llamó la atención, por sí misma, por lo que fue, sea lo que sea que haya sido.

Nuestra generación se diluye regándose por el mundo, como los estudiantes de la famosa escuela “Lenin”, o como ese cubano que alquila camellos en el Sahara (junto a las muy conocidas pirámides de Egipto) o como los artistas, deportistas y seres de todo tipo y ocupación que andan rodando por ahí, por todas partes. Nos diluimos sin patria. ¿O será que tal vez algunos piensen que hubiera muchas patrias donde elegir?

Pero nuestra generación en Cuba también se diluye en una educación que se desploma, en valores destruidos y falseados, aplastados por la falta de futuro. Se diluye en alcolifán, azuquita o chispa de tren (como quiera que se le llame al alcohol) mientras se le enfoca la mirada en la paja en el ojo ajeno, para que no vean el lodazal en el patio propio.

No señor, no nos dieron más opción que salir del país, cuando nos apedrearon durante el Mariel, y cuando se hicieron cosas peores. Cada vez que nos censuraban, cada vez que un sueño chocaba con obstáculos políticos o el miedo de aquellos que no querían perder su posición, no nos daban otra opción.

Lamentablemente, en Cuba va quedando poco lugar para muchos buenos amigos, buenas personas, no oportunistas, no de doble imagen, gente seria, trabajadora y que aspira a hacer algo inteligente con su vida y su capacidad. De los que así deciden luchar, muchos están sufriendo necesidades de verdad.

Lamentablemente, en la isla va quedando mucho lugar para oportunistas, aprovechadores de posiciones que les aseguran condiciones privilegiadas sobre la generalidad, y que se preparan para salir a decir que “nunca estuvieron con el sistema” el día que lo consideren necesario. El día que les convenga.

Mi única tranquilidad es que para esas personas, por suerte, emigrar no es una opción. Ni siquiera cuentan con esa posibilidad. Sencillamente no pueden. Están atrapados en su propia red, como una araña con un genoma defectuoso.

Pero mientras tanto, para nosotros, no existen otras opciones ante la vigilancia permanente, la falta de libertad y el temor a perderlo todo.

No señor, el final de los que miran por encima del sistema, es la única opción posible: salir del país. Aunque signifique todo lo que significa. Aunque pierdas todo lo que hiciste en toda una vida. Aunque debas empezar de cero. Aunque seas nadie en una nueva tierra. Aunque algunos de los tuyos (de tu propia tierra) te miren por encima del hombro con un falso orgullo. Sencillamente porque en esta nueva tierra, se tienen cosas que nunca tuvimos en la que nacimos. Y que conste bien claro, para decirle a los que mal piensan, que no me refiero a cosas materiales.

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