miércoles, 21 de septiembre de 2011

La bolsa y la lotería

Las personas continúan sin aprender a ver las cosas incluso delante de sus narices.

Nos habían dicho que acabamos de pasar la “mayor recesión desde 1930”. Una pregunta interesante que la gente inteligente debiera hacerse es si en realidad la hemos dejado atrás, como quieren hacernos creer esos mismos “especialistas” que no vieron venir esa bola de nieve milmillonaria. Pero no sólo las perspectivas que nos dan esos banqueros de barriga inflada sentados en mullidos asientos ejecutivos nos pueden decir eso.

Para el simple hombre de a pie, ese que no tiene ahorros porque se volatilizaron por su tontería de jugar a la bolsa (quizás para sentirse importante) o ese viejito cojo que perdió todos los ahorros de su retiro porque estaban en un fondo de inversión “seguro” que resultó ser una basura del mercado. O cualquier tontito que se pensó un bárbaro y metió miles en los mercados para “hacerse rico”. Cualquiera de ellos hoy está llorando su “pérdida”. Pero su pérdida no es tal.

Su pérdida es la ganancia de muchos de esos que tienen ahora mucho para guardar. Aquí se incluyen los que debieran prestar para arreglar este problema. Es la ganancia de especuladores, de banqueros, de empresarios y de todo tipo de gente ventajista.

Algunos son el mejor ejemplo de especulador, esa persona sin escrúpulos que juega con el dinero ajeno, para quedarse con la mayor cifra de su lado. En otras palabras, el típico ladrón de esquina, ese que tiene tres chapitas en el piso y mucha habilidad para quitarte lo que apuestes. Son asquerosas ratas de alcantarilla vestidas de esmoquin en la mejor fiesta de billetes. Eso ha sido la economía en este mundo nuestro de hoy: un festín de ratas, un banquete de sanguijuelas chupasangre, una mesa servida para todo tipo de bicho reptante.

El “mercado de valores” se está mostrando como lo que es, un desastre, o mejor dicho, una porquería hecho para disfrazar la especulación, la estafa, el robo, la mentira y aún más. Es un nido elegante y bien diseñado para disimular las redes mafiosas que se tejen allá adentro, para ocultar las marañas de influencias mal habidas, y tantos otros horrores que puede contener el hombre más desgraciado. Es un lugar específicamente diseñado para contener toda la avaricia posible, y me sorprende comprobar como es que esos edificios tan llenos de luces y modernas pantallas no han explotado de tantos malos sentimientos, de los peores que podemos imaginarnos. Deben estar hechos de acero.

La bolsa esta llena de desvergüenza humana, ese mismo comportamiento que se declara ventajista, como el que se disfraza de lotería “ayudante de la educación” en la Florida que vivimos. Da vergüenza escuchar decir que la loto da tantos millones para la educación cada año, cuando no se dice sobre qué base lo hace. Y lo mejor del asunto es que nadie desea que retiren la loto, porque simplemente la gente prefiere soñar que será millonario mientras deja de comerse un bocadito que seguramente le hará más bien y al menos lo tiene en la mano, que enfrentar la realidad de un juego de azar que no es más que un vicio. Da vergüenza (y horror) decir que la educación se financia con vicio.

Al igual los casinos son un gran negocio, porque dan mucho dinero. ¿Pero en base a qué?

Todos estos actúan igualito que aquellos que venden la droga, solo miran su beneficio rápido y fácil (sin doblar el lomo trabajando) mientras un tonto padre de familia llega a su casa sin el cheque porque se lo ha jugado en “la esperanza del pobre”.

Esta sociedad mundial esta jodida, porque la gente ha asumido el ideal ficticio de vivir sin trabajar, ha buscado la “ley del menor esfuerzo”, que es a la vez la “ley de la menor vergüenza”.

Esta sociedad mundial esta hundiéndose porque se ha inundado de todo tipo de sentimiento antihumano. Priorizamos el dinero como un dios, nos enceguece y nos llama donde quiera que esté. Nos envilece y nos hace raquíticamente crueles.

Y no es el propio dinero el culpable. El mayor culpable es la sociedad que se basa en la avaricia, en el “yo” como dios supremo, mejor conocido como individualismo. La avaricia y el individualismo nos autorizan a pisotear a cualquiera, a cambio de tener algo, un poco más de lo que sea.

Esto mismo convierte el lujo en un valor de cambio, pero no de cambio material, yo me refiero a cambio espiritual. La avaricia por más nos hace desvergonzados, nos envilece y nos justifica. Nos seca el espíritu, nos roba la bondad y nos hace desgraciados.

La avaricia nos está matando la sociedad, y también la calma y la humanidad. Hemos dejado de ser responsables para con el bien, hemos dejado de cuidar nuestra mente de malos sentimientos. Hemos dejado tantas cosas en el camino, que ya ni nos acordamos de cuales fueron.

Sí señor, esos que perdieron el dinero en la bolsa, o comprando casas que no valían lo que le pedían, o en lo que sea, solo engordaron a los “vivos”. A esos mismos “vivos” que en otra situación, hubieran sido pandilleros, narcotraficantes o quien sabe qué, porque tienen un símbolo de billete en su frente, uno en cada ojo y en cualquier otra parte de su cuerpo, y mente. A estos “vivos” la sociedad les dio la oportunidad de mejorarse, disfrazarse de elegantes ropas, pero siguen siendo lacras. Y esos que están a favor de los “juegos de azar”, son de esa raza que prefieren ser esquilmados hasta la saciedad a cambio de un sueño estúpido de vivir sin trabajar. Son más de lo mismo. Que desgracia.

Hay una sola solución a largo plazo a todos los problemas de la humanidad. Se resume en una sencilla y muy conocida palabra: EDUCACIÓN.

Pero… quién le pone el cascabel al gato?

El Lagarto

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