lunes, 7 de febrero de 2011

La libertad del círculo

Bueno es lo bueno, pero no lo demasiado.

Así se dice cuando nos tratan de llevar a puntos donde no nos conviene, o donde nos molesta.

Es maravilloso sentirse libre. La libertad es algo que no creo que se pueda medir, calcular o gravar.

Es como una euforia, es justo ese momento en que se grita cualquier cosa porque se siente uno como que no importa lo que se diga, serás respetado por ello.

Entendí que disfruté de entera libertad por primera vez aquí, en Miami. Fue mi puerta de entrada a los Estados Unidos. Fue mi puerta de salida de Cuba.

Pero acto seguido descubrí que, aquí en Miami, existen formas de medir la libertad. O mejor dicho, de desmedirla.

Es muy rara la ocasión donde se conoce una persona, una entidad o un grupo, lo que sea, y no traten de medirte. Hay muchas formas de hacerlo, desde las más abiertas y declaradas hasta las más subrepticias.

Pero hay una muy fácil y empleada, casi a cada momento.

Te miden por tu opinión sobre Cuba. Y es muy fácil medirte. La vara que se usa es digital (de dos dígitos, o dos posiciones) y no estamos hablando precisamente de una computadora ni nada por el estilo.

Como en todo caso extremo, hay dos posiciones para el caso “Cuba”. O estás del “lado de allá”, o estas “del lado de acá”. Nadie quiere saber de medias tintas. Ni de grises claros, oscuros, o simplemente gris. O eres o no eres. No sé porqué esto me recuerda a esa tristemente famosa frase, usada por un tristemente recordado expresidente norteamericano, de que “o están con nosotros, o están contra nosotros”. Es la misma moneda pero por la otra cara, solo eso.

La vara de medir la política miamense respecto a Cuba no tiene curvas, ni puntos medios, ni mucho menos un 0,5. Es recta como esa que usaban los abuelos para apalear a sus nietos en tiempos pretéritos, dura como el palo de un tolete policial, y oportunista como el mejor político actual.

Esa misma vara la usan los de a pie, tal vez para sentirse políticos, o mejor, simplemente politiqueros, y la usan también para desembarcar todo el odio que llevan por dentro en cualquier persona que no piense como ellos.

Es una vara muy curiosa, porque se usa tanto para medir al que va a Cuba de visita cuatro veces en un año, como al que nunca ha ido. Da igual que seas un solitario llanero desempleado, en busca de algún dinero como mulo, y de un pobre padre de familia al que solo le queda llevarles a sus hijos unos juguetes y un dinero para comer. O los que tienen a su madre enferma, y llevan años sin verla. O los que quieren visitar la tumba de algún familiar, o los que tienen su pareja allá.

Esas 90 millas son parte de la vara de medir cubanos, y como buena vara se miden en línea recta. Y por ser tan buena vara, no les enseña a la gente que en la realidad, esa distancia es solo un símbolo, porque en la realidad es más. Y tiene muchas curvas, y ramificaciones, desde Pinar del Río hasta Guantánamo. Es por eso que los que a conveniencia, usan esta vara, se están perdiendo mucho, todo lo que se sale en sus curvas. Esas curvas que no pueden ver en su ceguera permanente.

Es duro ver como se usa esta vara. Y peor es sospechar, que esta misma vara, surgió de un sistema social que muere antes de haber cumplido su llamada “misión histórica”, un sistema social que ha creado tanto odio que lo ha exportado, y, como buenos cubanos, lo hemos traído hasta aquí, este Miami brillante por sus luces y por sus oportunidades, por sus vicios y por sus robos al Medicare.

Si, esta vara nos sale cara, porque no deja a los cubanos ser hermanos. Nos separa por una línea bien recta, hecha con lápiz grueso, y trazada por ese mismo personaje que, después de más de 80 años de edad y 50 en el poder, sigue mandando hasta en las mentes de esos mismos de aquí, de Miami, que usan a destajo la recta vara de la intolerancia.

El lagarto.